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Como implantar la “Cultura de Seguridad Patrimonial en las empresas”



Por Humberto Santibañez, CPP


Las amenazas globales como pandemias, crisis económicas y conflictos bélicos, han generado incertidumbre en la población y por supuesto en los negocios. La imprevisibilidad y el impacto disruptivo de estos eventos han afectado incluso a la salud y la estabilidad emocional de las personas.

En lo específico, para las empresas, estas amenazas afectan su normal funcionamiento, interrumpen cadenas de suministro, desafían la planificación estratégica y afectan la viabilidad. La mitigación de la incertidumbre implica la planificación de contingencias, la adaptabilidad y la inversión necesaria para prepararse para transformarse en organizaciones resilientes. La colaboración transversal son cruciales para mantener la estabilidad y superar los desafíos imprevistos.


Existe una tendencia a que, dentro de las empresas, se ha comenzado a priorizar los temas de seguridad patrimonial, mucho más que antes, basándose en herramientas como los análisis de amenazas, vulnerabilidades y riesgos, buscando desarrollar un programa a largo plazo, que está directamente relacionado con crear una nueva cultura de protección integral. Es así que Implantar una cultura de seguridad patrimonial en las empresas adquiere mayor relevancia en vista de todas las nuevas amenazas globales.


Estas amenazas, que incluyen desde eventos geopolíticos hasta crisis de salud y desastres naturales, pueden tener un impacto significativo en la operación y el bienestar de las organizaciones. Una cultura de seguridad patrimonial implica, lo que llamo, sembrar desde cero, una nueva conciencia. Una conciencia multidimensional, que permita que, quienes hoy son miembros de una organización, sin importar su tamaño, deben optar por una visión estudiada, clara y precisa respecto a cuales son todos los factores que influyen en lo que hoy se entiende por “inseguridad”


La inseguridad desde la perspectiva criminológica es el resultado de una interacción compleja entre factores socioeconómicos, psicológicos y culturales. La desigualdad económica, la falta de oportunidades y la marginalización pueden fomentar la criminalidad al hacerla atractiva como recurso. La desorganización social en comunidades fragmentadas también contribuye. Como hemos sido testigos en muchas ocasiones, los aspectos psicológicos, como las adicciones, inciden en el comportamiento delictivo. Grupos y subculturas que normalizan el delito ejercen influencia. Factores ambientales, como entornos descuidados, propician la actividad delictiva. La falta de confianza en el sistema de justicia alimenta la percepción de inseguridad. Resolver esto requiere políticas que promuevan equidad, prevención y rehabilitación.

Todo esto, se aprecia lejano y fuera de contexto, cuando hablados de este problema y solo nos enfocamos a dos cosas, exigir al Estado a hacerse cargo o bien esperar a que otro lo haga.


Solo para dar un ejemplo, la principal vulnerabilidad en la seguridad de un sistema informático organizacional radica en las debilidades del factor humano. Errores no intencionales, falta de conciencia en ciberseguridad, acceso no autorizado y prácticas inadecuadas ponen en riesgo la integridad de datos y sistemas.


La Cultura que queremos construir al interior del negocio, además de abordar riesgos físicos, como robos y vandalismo, también debe abarcar aspectos como la gestión de datos, la continuidad del negocio y la preparación para lo inesperado. Esto no solo fortalece la resiliencia de la empresa, sino que también construye confianza entre empleados, clientes y socios comerciales. En un panorama más incierto, una cultura de seguridad se convierte en una inversión valiosa para asegurar la estabilidad y el éxito a largo plazo de la empresa.


Ahora bien, lograr implantar esta cultura requiere, en primer lugar, que la alta dirección lidere el proceso convencidos y con el mayor compromiso, influyendo en la actitud de los empleados. La formación y la comunicación son vitales para que los empleados comprendan su papel en la protección de activos. Políticas y procedimientos claros, en una actividad colaborativa con los empleados, crean un entorno seguro. Reconocer y premiar el compromiso excepcional motiva a otros a seguir. La tecnología, la vigilancia y la auditoría periódica mejoran y apoyan nuestra cultura.


El proceso requiere de pasos bien definidos. Comienza con un diagnóstico de la situación actual, identificando riesgos y activos críticos. Contando con el apoyo de la alta dirección, se establecen políticas y procedimientos claros. Se requiere de un plan de acción que potencie las actividades educación de los empleados, para que comprendan la estrategia, nueva políticas y principalmente los objetivos que se persigue. Involucrar a los empleados en la identificación de riesgos y soluciones crea un ambiente participativo.


La comunicación constante sobre seguridad, reconoce y recompensa a los empleados que cumplen con las políticas de seguridad. Establece una cultura de gestión de incidentes, donde los empleados se sientan seguros al informar sus problemas.


Como resultado de la evaluación continua, se adaptan las estrategias según los cambios. Se deben establecer indicadores clave de rendimiento para medir el éxito. Una implementación exitosa lleva tiempo, pero lograr alinear a toda la organización con una mentalidad de seguridad integral sólida contribuirá de manera positiva y significativa a conseguir los objetivos estratégicos del negocio.



¿Como enfrentar la resistencia al cambio?


Involucrar a los empleados desde el principio, proporcionar educación y entrenamiento, y mostrar liderazgo comprometido son cruciales. Establecer canales de comunicación bidireccional y conectar el cambio con beneficios personales ayuda a reducir la resistencia. Dividir el cambio en pasos más pequeños, reconocer los logros y gestionar el miedo al fracaso son estrategias efectivas. La flexibilidad, el apoyo continuo y la prueba piloto también son importantes para abordar la resistencia y lograr una transición exitosa hacia esta nueva cultura.


Una empresa con una cultura avanzada de seguridad corporativa obtiene una amplia gama de beneficios. Además de la protección efectiva de activos, esta cultura promueve la reducción de riesgos financieros, legales y operativos. La confianza y satisfacción de los empleados aumentan, mejorando la retención y la productividad. Los clientes confían en la empresa debido a su compromiso con la protección. El cumplimiento normativo se vuelve más fluido, evitando sanciones y daños a la reputación. A medida que la empresa logra un alto nivel de madurez en seguridad, también fomenta la innovación segura, mejora su imagen, reduce costos y establece relaciones sólidas con socios. En última instancia, esta cultura facilita la adaptación a cambios inesperados y emergentes.


La seguridad en una empresa no solo la protege, sino que también añade un valor palpable y se convierte en un factor diferenciador estratégico. Una cultura de seguridad sólida es, a todas luces visible”, refleja el compromiso con la integridad y la confiabilidad. Los clientes optan por empresas que garantizan la protección de sus intereses, y los socios comerciales buscan colaboraciones seguras y estables. Además de reducir riesgos y costos, la implantación de esta cultura, también potencia la rentabilidad. Al destacarse entre otros competidores del negocio, una empresa establece una ventaja competitiva que atrae inversiones, talento y oportunidades de crecimiento. En resume, las empresas modernas e innovadoras que siguen este camino, no solo se resguardan en el presente, sino que también impulsan un futuro exitoso y sostenible.


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